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Amenazas
El Iberá es una ecorregión en buen estado de conservación, este deriva, por un lado, de la falta de accesibilidad y también por el tipo de actividad desarrollada, la cual hasta hace poco tiempo atrás fue del estilo tradicional. Pero algunas prácticas han cambiado en los últimos años, comenzando a verificarse actualmente incipientes amenazas para el sistema. Las actividades humanas son de fundamental importancia, para el correcto desempeño, en áreas protegidas que involucren a propietarios privados. Este es el caso de la Reserva Provincial Iberá, la cual presenta el 63,3 % (849.818 hectáreas) de su superficie en manos privadas. Esta fracción del área protegida involucra zonas ecológicamente sensibles y valiosas para la conservación.
Los principales impactos en el área de reserva son: AgriculturaLa agricultura del arroz, en la periferia del Ibera, es una actividad de alto impacto debido a la sistematización hidráulica del terreno para favorecer la inundación del suelo, la roturación periódica de la tierra, la extracción de agua de las lagunas para el cultivo y la incorporación de agroquímicos a los esteros y las lagunas por efecto de las lluvias. Quizá el principal impacto deriva de la falta de tratamiento de recuperación ecológica de los campos luego de ser abandonados al caer la rentabilidad del cultivo por el enmalezamiento, la perdida de su fertilidad y los efectos asociados.
La forestación ha cobrado mucha importancia a partir de la década del 90; en efecto, actualmente existen mas de 50.000 ha forestadas con especies exóticas en la periferia del Iberá. Las forestaciones implantadas tienen menores efectos que otras formas de agricultura, pero producen cambios importantes en el ambiente, que deben ser considerados y evaluados en cada caso, cuyos principales efectos pueden ser: la sustitución del paisaje nativo por una cobertura homogénea, el mayor consumo de agua y el aumento del riesgo de incendios y su propagación.
La actividad turística ha sido repetidamente preconizada como una forma sustentable de uso del paisaje, debido a sus múltiples ventajas socio-económicas y a la revalorización de los humedales. Esta apreciación, válida en términos generales, debe ser cuidadosamente analizada para evitar efectos indeseables que ha tenido en algunos casos. Al respecto, merece citarse el uso desordenado de la naturaleza, la construcción de infraestructura (caminos, canales, alojamiento) que no respeta las prescripciones ambientales y su impacto en la transculturización y en el uso inequitativo de los recursos paisajísticos.
Los canales trazados sobre la vegetación arraigada o flotante facilitan el acceso al interior del Iberá, varios de estos canales fueron construidos con la finalidad de extracción de agua para el cultivo del arroz. Su condición facilitadora posee gran impacto sobre la naturaleza de los esteros, ya que impactan sobre el flujo hídrico del sistema, aportan sedimentos y otros agentes externos y sus trazas interrumpen la armonía natural del paisaje.
Las pistas de aterrizaje poseen impactos directos como la remoción de vegetación y compactación del suelo en el área de pista, así como el uso recurrente de químicos para su mantenimiento. Además poseen impactos indirectos, entre los que se encuentran aquellos derivados de la operación aérea (aumenta el flujo de visitas, ruidos que pudieran afectar a la fauna o otros visitantes y aumento de la posibilidad de accidentes en el interior de los esteros).
El Iberá ah sido paraíso durante años de la caza furtiva. Esta actividad ha presionado sobre las poblaciones de varias especies animales, entre las que se encuentran el lobito de río, carpinchos, boas, yacarés y ciervo de los pantanos entre otras. Si bien la por ley esta prohibida la caza dentro de la reserva, la caza furtiva no ah cesado y aun hoy existen especies cuyas poblaciones son sensible a esta actividad. Aunque se destaca la disminución de la misma hay que reconocer que actualmente la presión sobre la población de carpinchos es preocupante. Se estima que el trafico de cueros de esta especie es de alrededor de 45.000 cueros al año. Existen también pesca ilegal en el curso del río Corrientes.
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